La cantante y compositora Olivia Rodrigo expresó su rechazo al uso no autorizado de su tema All-American Bitch en un video oficial del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), difundido por cuentas gubernamentales del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y la Casa Blanca durante la administración de Donald Trump.

El material audiovisual, de apenas un minuto de duración, promovía la llamada “autodeportación” de personas indocumentadas a través de una aplicación gubernamental. Las imágenes mostraban agentes migratorios mientras sonaban los primeros versos de la canción: “All the time, I’m grateful all the time, I’m sexy and I’m kind, I’m pretty when I cry” (“Todo el tiempo estoy agradecida, soy sexy y amable, me veo bonita cuando lloro”).

El mensaje que acompañaba el video resultó especialmente polémico: “Márchate ahora y autodepórtate usando la aplicación CBP Home. Si no lo haces, enfrentarás las consecuencias”. Para muchos usuarios, la combinación del texto con la letra de Rodrigo evidenciaba una ironía cruel: una canción concebida como crítica al ideal femenino estadounidense convertida en la banda sonora de un mensaje de expulsión contra migrantes.

La reacción de la artista fue inmediata. A través de su cuenta de Instagram, Rodrigo escribió: “No vuelvan a usar mis canciones para promover su propaganda racista y llena de odio”. Aunque la publicación fue eliminada poco después, su mensaje se viralizó rápidamente y generó una ola de apoyo. En cuestión de horas, el tema fue retirado del video, que ahora aparece sin música y con el mensaje: “Esta canción no está disponible actualmente”.

“All-American Bitch”, incluida en su álbum Guts (2023), fue escrita como una sátira sobre la perfección y las expectativas impuestas a las mujeres estadounidenses. Su utilización por parte del Gobierno, más allá del uso indebido de derechos de autor, fue interpretada como una distorsión del mensaje original y una falta de sensibilidad frente al contexto migratorio.

Olivia Rodrigo, hija de padre filipino y madre estadounidense, creció en Los Ángeles, una ciudad profundamente marcada por la diversidad cultural y la migración. Su postura se suma a la de otros artistas que, en distintos momentos, han exigido al Gobierno estadounidense o a campañas políticas que dejen de usar su música con fines ideológicos.

En 2019, Rihanna pidió al entonces presidente Trump que cesara el uso de su tema Don’t Stop the Music en mítines donde se promovían políticas antiinmigrantes. Ese mismo año, Pharrell Williams envió una carta de cese y desistimiento tras escuchar su éxito Happy en un acto político realizado el mismo día de un tiroteo masivo. Adele, Queen, Neil Young, The Rolling Stones y Axl Rose también han realizado reclamos similares, defendiendo no solo sus derechos de autor, sino el significado ético y emocional de sus obras.